La estrella imprevista

Por la superación frente a rivales muy acostumbrados al escenario y la superficie. Por la autonomía para resolver pasajes con numerosos errores no forzados propios. Por la resistencia a condiciones complicadas en cuanto calor y humedad, detalle no menor ante la molestia de sus colegas. O, simple pero no menos complejamente, por el aguante. Por cada una de esas razones, el campeón Dominic Thiem no sólo imprimió una cuota de frescura al ATP de Buenos Aires, sino también exhibió un quiebre de paradigma generacional al que el tour no está demasiado acostumbrado. Y bien puede ser un signo de los tiempos por venir.

Thiem

Claro, con Rafael Nadal en el cuadro y otras estrellas como Jo Wilfrfied Tsonga, Fabio Fognini, John Isner, David Ferrer, Nicolás Almagro (su vencido en la final), de seguro Thiem no estaba en el imaginado lote chico de posibles candidatos. Aunque él mismo ya se haya ganado, gracias a otros tres titulos ATP, un status creciente, no tan experto como los otrora mencionados. Pero, de nuevo, nada de esto terminó deteniendo a su classy backhand.

“Es mi mejor titulo hasta ahora porque el torneo tenía jugadores muy fuertes, lleno de partidos parejos. Salvé match points en contra…Es difícil mantenerse en foco, el tenis es un deporte mentalmente duro. En las situaciones difíciles no podés simular”, sintetizó el austriaco con sinceridad tras vencer a Almagro en la definición.Un día después del gran golpe que fue bajar a Nadal. Puede que en esa expresión, el no simular, el mostrarse entero ante circunstancias continuamente adversas esté el combustible que no le faltó.

Sin defensa

No hay muchas vueltas para describir el tenis que desplegó Nadal en Buenos Aires. Su performance, aunque técnicamente inobjetable, distó de impresionar en la ejecución de puntos clave. Su tenis de resistencia avasallante ya había mostrado vulnerabilidades frente a Paolo Lorenzi, en cuartos, durante un tiebreak dubitativo. Las mismas que se acentuaron en el próximo match.

nadal

Thiem, en semis, le otorgó varios momentos de errores no forzados que podrían haber sido la puerta para una final. Pero el austríaco hizo del aguante un arma que el mismo Rafa ha usado a la perfección.

El tiebreak del decider fue el pasaje menos profundo de todo el torneo para el manacorí. Y si bien ensayó drops bien ejecutados, Thiem comenzó a leerlos. En consecuencia, a medida que confluyó esa virtud con un limpiaparabrisas de manual, la estrategia puso al pibe de Austria en las filas de lo que eventualmente sería su corona.

Stars a través del camino

Promocionado por numerosas voces como “el mejor cuadro de la historia del ATP de Buenos Aires”, obviamente el main draw tenía un atractivo ya por la participación de clásicos claycourters como Fognini, Ferrer, Almagro y Cuevas. Todos protagonistas en pasadas ediciones. Algunos con títulos, de hecho.

tsonga

La novedad estuvo en la asistencia de otros no tan clásicos a Baires. Aunque sí con algún antecedente: como Jo Wilfried Tsonga, quien fue parte del team francés que perdió ante Argentina en 2013, por la Copa Davis. Pero nunca para el ATP, hasta este año.

John Isner, por su lado, fue de las nuevas big faces que puso a Baires en su calendario cuando no solía hacerlo. Más afín al hardcourt, el estadounidense justificó su elección por la novedad que le resultaba este destino y que, a sus 30 años, podía bien explorar esa opción.

isner

Se encontró con un Dusan Lajovic inspirado en segunda rueda (partió con Bye) que lo derrotó en un ajustadísimo match. Prueba de que, en efecto, a pesar de su excelente ranking, el clay naranja latinoamericano le será un desafío a domar.

Quien sí hizo de su experiencia porteña un buen intento de comeback, fue Nicolás Almagro. Un gran exponente de la vigencia española en la superficie, el circuito y particularmente en Buenos Aires, Nico suele reencontrarse a tiempo en la complicación.

Almagro

De la fascitis plantar y el hiato de casi tres cuartos de un año, a su casamiento y posterior regreso, mucho pasó hacia una senda aceptable de nivel para alguien que ostenta nada menos que 11 temporadas & counting entre los 100. Un tanto desilusionado, no obstante, una de sus últimas declaraciones en esta edición del ATP de Buenos Aires fue: “Recibo insultos. Me faltan el respeto. No es tolerable”. Para repensar cómo se lo trata.

La transición continúa

Todo ATP local que pasa sin argentinos (sobre todo jóvenes) en instancias finales exacerba un tópico en debate que impacienta: la transición. 2016 no fue una anomalía a lo que vienen siendo inmediatas ediciones (a excepción de Juan Mónaco en 2015, cuando hizo final).

Olivo

Renzo Olivo, Diego Schwartzman, Leo Mayer, Federico Delbonis y el citado Pico (de regreso tras una lesión y post op de muñeca) fueron los que más avanzaron, hasta segunda ronda. Olivo, a quien le dedicamos un post, venía de cuartos en Quito y una 2R del Australian, como qualifier.

Federico Delbonis tuvo una excelente victoria frente a Fognini y estuvo cerca de bajar al posterior finalista Almagro con un 4-1 en el tercero.

No es, de seguro, el techo que posee esta camada a través de los 90s. Más bien un indicador de lo que cuesta hacer terreno en un circuito, y en particular este certamen, cuyos establecidos hacen muy complicada la labor para el “ascendente”.  De ahí que lo de Thiem pueda romper un paradigma no solo para todos los rookies que asoman a escala mundial. Ojalá que los argentinos puedan prenderse a esa movida pronto.

CCGV: Siglas para el poeta

Anunciado días antes del comienzo del torneo, un momento más que esperado significó el bautismo del court central Guillermo Vilas, en honor al mejor argentino de todos los tiempos y figura clave del desarrollo moderno del tenis en nuestro país, por iniciativa (aprobada por la mayoría del BALTC) de Eduardo Puppo.

vilasDijeron presente muchos de los argentinos que llegaron al top 10 y, en una imagen que no se ve todos los días, juntó a Guillermo Coria y Gastón Gaudio, entre otros. Quizás una metafora de la centralidad que Willy despierta.

En la fila, no faltaron tampoco el iniciador de esa leyenda, el profe Juan Carlos Belfonte y Gaby Sabatini, otra presencia cuya estela despertó innumerables gritos y exclamaciones de admiración como los dirigidos al homenajeado.

La cofradía colombiana

Juan Sebastián Cabal y Robert Farah no son una pareja más en el tour. Se conocen desde chicos cuando el Equipo Colsanitas, una de las experiencias de sponsoreo más firmes de Latinoamérica, los unió. Una vez que Cabal superó su lesión en la rodilla y Farah se decidió por el profesionalismo (a un semestre de un degree universitario) sumaron fuerzas con experiencia y compañerismo.

colombia

Ese mix sin dudas está floreciendo con campañas cada vez más contundentes. Buenos Aires se inscribió como el quinto título del dúo tras años de lucharla en futures y challengers, a veces con otros partners.

Un ejemplo de la química del team estuvo en la victoria en cuartos al campeón de singles: Thiem, junto a Lajovic a más de 40 grados on court.

Ante la prensa, Farah, con una bolsa de hielo pegada a una de sus muñecas, dijo que eran las condiciones más extremas que le habían tocado en casi toda su carrera. Después del campeonato, insistieron en que “vinimos más que mentalizados y preparados para mostrar nuestro juego y demostrar por qué estamos sembrados 1”. Y sin dudas que lo hicieron.

Lógica de la encerrona

Calco de la edición anterior, la de 2016 volvió a mostrar una seguridad permanente debido a la presencia de Rafael Nadal. El múltiple campeón de Grand Slams modifica el microclima de un torneo. Lo cual es entendible. A (mucho) mayor asistencia, resulta evidente que la guardia se magnifique.

rafa2

Lo diferente fue que esa lógica de los entrenamientos cerrados que solo aplicaba al español se extendió a cada jugador de los dos cuadros. Cuando, por caso, en Río las prácticas son abiertas a la prensa y en canchas con tribuna, no cercadas (como las 12 y 13 del predio del BALTC).

Incluso hasta por horas podía verse a un tumulto de gente esperando por un breve paso del español cerca del estadio. Y los metodos para espiar por arriba de las lonas negras alrededor de las pistas de entreno no eran menos curiosas.

-¿Tas loquita?- esbozó un guardia, al ver a una mujer, cuyo cuerpo permanecía completamente sostenido por las manos de su novio.

-Sí. ¿Y qué pasa si soy loquita?-respondía ella, afirmante. Extendiendo el sonido de la i.

Quedó ahí. Pero fue una pequeña anécdota de lo que rodea a una figura en públicos que no suelen tenerlas a la vista tan seguido.

 

Texto y fotos por Sebastián Capristo

Fotos del Argentina Open en FB e Instagram

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