Versatilidad a la ucraniana

En cada cuadro del ATP de Buenos Aires donde se lo veía, enseguida un dedo lo señalaba. Como a un player a seguir, o, simplemente, un distinto. Por x o y, esa reputación no logró traducirse del todo en performances de relieve y su nombre quedó varias veces perdido en main draws con algún que otro match luchado, vistoso. Digno del valor de transpirar en la tribuna al clásico sol radiante de febrero en Baires.

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Dolgo en camino

La edición 2017 finalmente vio a ese versátil y más que interesante jugador como campeón. Y nada menos que dejando atrás, entre otros, a Kei Nishikori, el gran favorito y 5 del mundo, que no encontró cómo contrarrestar tanta efusividad en un oponente formidable: Alexandr Dolgopolov.

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Sin lesiones, libre de intentar nuevas cosas que antes no pudo. Esa sensación dejó Dolgo a lo largo de su campaña.

Dolgo combinó rapidez y agresividad como en pocas semanas lo ha hecho en su carrera. Dejó atrás a rivales realmente sólidos en variedad, edad y estilos. Frente a Tipsarevic, en el opener, frenó gracias a sus slices y cambios de ritmos los intentos del serbio. Ante Carreño, un relativamente joven, pero seasoned claycourter, metió oficio. Y en la definición, Nishikori sintió cuánto el ucraniano lo apuró con puntos insistentemente cortos en duración y profundos en alcance.

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Nishi nunca encontró del todo su juego. Aun así fue subcampeón. Parches abdominales y dos batallas frente a argentinos evidenciaron la falta de combustible. No obstante, la cuota emocional llegó en su reencuentro con Emi Massa, junto a quien ganó Rolanga junior 2006.

“Fue una semana perfecta. Le gané a Kei por primera vez. Creo que los ultimos dos o tres años, mentalmente fue difícil ser mentalmente fuerte si estas siempre lesionado. Tuve una operación en la rodilla u y otras lesiones que me pararon dos o tres meses al año. Eso no me ayudaba que jugar toda la temporada completa”, contextualizó. “Rápido, agresivo-en el tenis, no en la vida-, e impredecible” sintetizó el ahora ganador de tres coronas ATP para autodefinirse en tres palabras que, en simultaneo, caracterizaron su triunfo en Baires.

Los argentinos

9 argentinos entraron al cuadro principal, cinco arribaron a segunda, y solo uno, Carlos Berlocq, alcanzó una poderosa semifinal tanto en lo personal como en lo que activó para el torneo en cuanto a movimiento mediático y de público.

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Una metáfora de lo que despierta Charly en zona mixta: rodeado de mics y journos.

Charly maximizó, como siempre suele hacerlo al encontrar un empuje copero que lo impulse hacia el tour, los 14 sets en tres días jugados en Parque Sarmiento. Se fue ante Nishi, no sin antes sacarle un set y exigiendo al asiático casi hasta final. Los puños cerrados que despertó en Kei mostraron cuán peligroso Berlocq es en el polvo de ladrillo porteño, o en cualquier parte del mundo, si una Davis con él en la formación está cerca.

Ávido de figuras locales, la excelente respuesta del público a sus matches en esta edición 17 del ATP confirmó que evidentemente hay ganas de ver tenis, como en la Davis de hace semana y media. También el encuentro, de noche, entre Kei y Diego Schwartzman en segunda, con otra nutrida presencia en las tribunas, dejó una alentadora imagen del Giant, cuyo 7-5 fue, quizás, el tenis de mayor despliegue de todo el certamen.

Cabe destacar a Guido Andreozzi, quien superó la qualy y otra rueda más en el MD antes de caer frente a Gerald Melzer, en segunda. Alentado por un efusivo Niño Hood al costado del CC Vilas, Beto tuvo sus chances en el primer parcial, sin buenas ejecuciones. Pero es, a fin de cuentas, un interesante paso hacia esta difícil transición al nivel ATP. Todavía más para los sub 25/26 en épocas de treintañeros resistentes.

Gusti, entre aplausos extendidos

Mientras en Asturiano, Vicente López, a unas estaciones de tren del BALTC, terminaba el Miguel Zúñiga Memorial Open, uno de los que los ganó de junior para ser una figura mundial casi una década después tuvo el honor de entregar el trofeo al campeón: Gustavo Fernández.

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Gusti con autoridades del club, ATP y organización antes de entregar el trofeo a Dolgo.

El reciente campeón del Australian Open en tenis en silla de ruedas recibió una extensa ovación que, sin exagerar, duró varios minutos en el CC Guillermo Vilas. Gracias a una gestión conjunta entre AATA y Martín Jaite, unos días antes, el Lobito vino directo desde Rotterdam para estar en la ceremonia.

A lo que preguntamos: Si Gusti nunca pudo jugar como Top 4 del planeta en Argentina, ¿en qué circunstancia podría hacerlo? Ante todo un torneo de categoría ITF 1, los que por su ranking debe disputar. Sabemos que a la organización de Baires le gusta la idea de un joint event, como el holandés antes mencionado. Ojalá pueda activarse.

Los colombianos constantes

Cuando una pareja estable del circuito puede confiar en sus recursos, no tomarlos por sentado, pero sí pulirlos al punto de saber que están allí, ampliar las dimensiones de su juego deja de ser un lujo para convertirse en estrategia aplicada.

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Farah/Cabal, de perfil. Un calco de 2016. Matches adversos revertidos a tiempo y una fusión de especialistas que solo la experiencia puede otorgar.

Con semejante bagaje, Robert Farah y Juan Sebastián Cabal sólo tuvieron que preocuparse por fusionarse al calor porteño, bastante similar al colombiano, como afirman cada vez que le preguntan exactamente lo mismo. Y, por supuesto, presionar en la red en las zonas clave gracias a un inagotable summum de reflejos y coordinación mutua. Pocos doblistas leen mutuamente qué van a hacer next como ellos.

Esa pared fue imposible de superar para cuanta dupla se chocaron. Entre ellas, los tanos Fognini/Bolelli y, en la final, Marrero/González, uno de ellos ex 5 del mundo. Bicampeonato e inyección de confianza. Ahora la gran asignatura cafetera será emular esa contundencia en los majors, donde, excepto Australia 2013, nunca asomaron a cuartos.

El estado de las cosas

Por la mayoría de los rincones del BALTC donde se charló el tema público/audiencia, la cifra de los casi 35mil asistentes durante la competencia copó las conversaciones. Más que el trofeo mate.

A nadie sorprendió por qué. Claro, a comparación del MD premium de 2016, vuelve el debate sobre las estrellas como el principal alimento para la trascendencia de un evento. De acuerdo o no con esa idea, hay otros factores. Los no controlables, como el clima y la insistente lluvia que hizo tímida las ventas en las primeras jornadas. Y los aptos a decisión. A.k.a: horarios de partidos, los cuales siguen acomodándose hacia la tarde noche con más accesibilidad/aceptación. O incluso el marketing de un torneo, cómo se vende.

Por lo pronto, el ATP de Buenos Aires sigue sobreviviendo con 17 años de vaivenes contextuales y más allá de los nombres. Aunque, una vuelta de tuerca, y reevaluar qué sensación deja en quienes asistieron y/o trabajaron en él podría ayudar a pensar algunas cuestiones a tiempo. 2018 exhibirá los resultados.

 

Texto e imágenes por Sebastián Capristo

Fotos de la semana en Facebook e Instagram

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