Los viajantes del stream

Si hay un vocablo anglosajón del argot tenístico que todo fanático conoce, es el de “live stream”. Traducido a castellano: la emisión en vivo de un evento por internet. El atractivo es evidente: ver la acción de un partido gracias a un simple link, donde sea. En especial, para aquellos que otrora trasnoches sin noticias no tenían idea alguna sobre el acontecer de un match hasta que un anónimo oficinista empezaba a cargar los resultados la mañana siguiente (muchas otras veces, tarde noche) en algún sitio oficial.

Primero, la introducción del livescoring –marcador en directo- apaciguó las ganas por saber, aunque tardó en complementar las del mirar. Al punto que en la actualidad el recurso del streaming, tan extendido en muchos eventos ATP e ITF desde la última década, se da por sentado. Sin embargo, detrás, hay una dedicación bastante más ardua.

Tal es la misión que apuntan satisfacer Mateusz Gebka y Lukasz Trusz, quienes en el reciente Challenger de Buenos Aires, y usualmente alrededor del planeta, forman parte de los encargados en acercar audiovisualmente el circuito a las audiencias masivas.

Gebka y Trusz son programadores de FlightScope, una empresa de servicios de streaming contratada por IMG Media, que, a su vez, colabora con la ATP, según explican. Ambos empezaron hace no más de tres años en la producción y provisión de transmisiones web. Por supuesto, considerando cuán global es el tenis, el calendario es variado y extenso.

La tarea, en apariencia sencilla, dista de ser unidimensional. Más en una sociedad de la información, donde el flujo de datos es esencial. “Realizamos streaming desde las canchas con las cámaras, como operadores. Además, tenemos otros servicios digitales como publicidad en línea (advertising), scoreboards (N de R: marcadores conectados a las tablets donde los árbitros registran los resultados),  donde pueden ver el progreso de un partido en cuanto a estadísticas, comparación de jugadores, y a los sponsors, que son dueños de banners”, explica Trusz. Gebka completa la idea acerca de la infraestructura que movilizan: “Depende de los servicios que ofrecemos. De la cantidad de canchas, si hay livescore… Si hay livestreaming, solo nos lleva un día. O antes del comienzo de la qualy. Dos a veces es suficiente”.

Un factor clave en la ecuación es el tiempo. “Es difícil decir cuánto viajamos por año”, se autoindaga Trusz para después afirmar: “Serán 250 días. Más de la mitad de la temporada, por lo menos. En 2016 estuvimos en 19 torneos. Bastante”. Todo un recorrido, casi en paralelo al de los mismos protagonistas que ayudan a difundir: los jugadores.

A pesar de lo frenético, la profesión del streamer involucra conocer destinos, y adaptarse a los reveses que puede involucrar el viajar. Más cuando se lo hace con equipos sustanciales en autos bien espaciosos. Con análoga rigurosidad que tiene un tenista para entrenar, Gebka, oriundo como su co-equiper de Polonia, recuerda su primera experiencia laboral en Heilbronn, un challenger actualmente cancelado: “Fuimos un grupo de siete u ocho personas porque queríamos testear nuestras cámaras y sidecameras. El trabajo de los operadores es chequear todo. Uno de los chicos tenía más experiencia que los otros, por lo que fue fácil adaptarnos ”. Y cuando traza comparaciones, pondera el quid realísticamente financiero de todo emprendimiento: “(Los torneos) no son mejores o peores. Dependen de la inversión. El tema principal es el dinero, porque si lo tenés, podés hacer funcionar las cosas”.

Para Trusz, el debut fue bastante más lejos de casa y lo ayudó a comprender que incluso el público sabe lo funcionales que son para que el interés por el deporte subsista. “Fue en Brasil. La primera vez que viajaba afuera de Europa. Nuevo país, nuevo continente. No sabía cómo hablar con los directores o los supervisores… Aprendí rápido a sobrevivir. Cada tanto la gente ve tan relevantes a los jugadores… Y también entiende que nos necesita porque (nuestro trabajo) es una parte importante. Eso es lindo”. Una yapa extra para Trusz: ser autor del blog Z Podrozy PL, donde puede observarse una amplísima colección de fotos y diarios de ruta. Una ramificación oportuna.

Las travesías entre challengers pueden dejar curiosas escenas de película. Gebka rememora entre risas una conexión entre Alemania y Brasil, en un vuelo fantasma. “El avión fue de Frankfurt hasta San Pablo-Guarulhos. La aerolínea estaba de paro y el avión, vacío. Casi éramos los únicos pasajeros. Fue una locura porque era un vuelo realmente largo de 14 horas y había diez personas. Cada vuelo fue cancelado… Éste no”.

Gajes del oficio, dirán. Pero la profesión los implica. Es que en una era de la instantaneidad, redes sociales y la necesidad constante de comunicarse por las nuevas tecnologías,  la labor del streamer no goza de demasiadas pausas. En palabras de Trusz: “Todos quieren estar (conectados) on line ahora. Por lo que para la ATP es una buena promoción. Especialmente en los (fans) más jóvenes, que ven el tenis en laptops y computadoras hasta las técnicas de los jugadores, que a la vez pueden enseñarles. Hay muchísima gente viendo los streamings. Y son una gran solución para estar a tiempo con la información”.

 

Por Sebastián Capristo

Esta nota fue originalmente publicada en LGT Nº58, diciembre de 2016

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