Verónica Cepede: llevar una identidad al tour

Además de Roland Garros al tenis, los franceses le dieron grandes pensadores a la sociología. Uno de ellos, Pierre Bourdieu, fue el autor de una visión estructuralista con la que hasta hoy se analiza a los variados “campos” de una sociedad. Un conjunto de hábitos, los definía, a grosso modo, donde sus actores ponen en juego su poder simbólico. A partir de esa interacción, quedan definidos qué lugares ocupan. Quiénes detentan una posición hegemónica, también.

Extrapolando esa idea al circuito femenino, el imperio de un estilo está hace rato definido: el europeo, y principalmente el del Este. Las Williams y algunas exponentes de Asia/Pacifico –Li Na, quizás la más célebre de esa excepcionalidad- pudieron quebrar ese poderío. Pero lo profundo del tour y sus previos escalones siguen estando marcados al ritmo ultrafísico de las escuelas del viejo continente, siendo las provenientes de Rusia, República Checa, Alemania, Ucrania, Bielorrusia, entre otras, las que dictan un estándar a seguir. Un hábito preponderante debido a una implacable favorabilidad en innumerables factores, al que difícilmente otras zonas del globo pueden responder.

De qué forma puede romperse ese cerco cada vez más inaccesible cuando las que lo intentan viven encontrándose con los escollos de esta dominancia. Si ni bien logran ganarse un lugar en las qualies o mains de los certámenes siempre hay una europea haciendo valer una potestad.

Antes de este ya inolvidable Roland Garros, donde Sudamérica, al menos en singles, tendrá como ultima presencia a una mujer, Veronica Cepede recorrió pormenorizadamente el circuito. Construyó, paciente, desde sus retoños 14 un camino que sabía extenso e imposible de ganar en la primera batalla. Mentalizada, al lado de la otra paraguaya que llegó a octavos de París, Rossana de los Ríos, ya tenía jugadas varias series jugadas de Fed Cup a los 15. Para los 22 ya había buceado por las exigentes aguas de los muy necesarios ITF. En sus 24, disponía de un titulo WTA en dobles y dos Juegos Olímpicos -disputados gracias a dos wild cards otorgados bajo el espíritu de recompensar a una atleta que venía de un país que probablemente tenga en ella a una modelo a seguir para cada chico o nena que vea en el deporte una chance posible-.

La semana pasada, a los 25, no pasó desapercibido su subcampeonato 100K, lo que sería informalmente un challenger, en Trnava, Eslovaquia. En el corazón de ese habitus en mando, bajó a cuanta europea del este pudo. Una campaña-preámbulo que, vista hoy, cuando venció a dos muy estables top como Safarova y Pavlyuchenkova, aumenta su importancia.

En este trayecto, claro, existen facilitadores, guías. Desde Alfred de Brix, uno de los más respetados coaches del tenis femenino en cuanto club de la región que se les ocurra a pensar y responsable directo de forjar la generación relevo de De Los Ríos- Schaerer, las únicas paraguayas que habían pisado un Grand Slam, a Ramón Delgado, referente del tenis paraguayo que trabajó con Cepede, hasta Catalina Castaño, su actual coach y una ex jugadora que, según comentaba un colega, podía, tras vencer a una dura enfermedad, seguir entrenando como una top 20. Muy lejos de la casualidad está observar que el tremendo y resistente físico que muestra hoy Vero, a prueba incluso de las náuseas que sufrió en el match de tercera ronda ante Mary Duque Mariño, sigue esa línea de profesionalismo. Y muy posiblemente se inspire en él.

El salto mental tampoco es para desmerecer. Cuando una jugadora puede confiar en la base de su preparación, y tiene temporadas estudiando a las rivales, la resistencia da paso a una autosuficiente libertad como para ofrecerle al tenis propio un terreno para florecer. Una identidad ante tanto habitus instalado. Una que supo aguardar el momento propicio para pegar un golpe de efecto que tomó por sorpresa a rivales que no la tenían en los planes. Una que tradujo la consistencia física en la estratégica. Una que renueva las esperanzas de una región que no quiere bajarse del mapa WTA.

Cuando La Negra se mida en algunas horas ante la 3 del mundo, Karolina Pliskova, habrá otra oportunidad para expresar esa aguerrida identidad desde la baseline hacia adelante. Más allá también: los números ya le aseguran un lugar cercano al top 75 y, al menos, un resto de temporada lleno en Internationals. Justo a tiempo de explorar bastante de ese centro por el que tanto batalló para entrar.

Texto: Sebastián Capristo

Foto: Juan Ignacio Ceballos

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