Lobito en la cúspide

Hace siete meses, cuando volvió exultante del Australian Open como campeón de su segundo Grand Slam en singles, Gustavo Fernández le admitía a LGT sobre el Nº1: “Matemáticamente hablando lo veo muy cerca. Es concreta la chance, pero no quiero ni pensar. Me enfoco en evolucionar mi tenis, que es en lo que me tengo que preocupar. Por ahí algunos días las cosas no salen, o más o menos, pero lo importante es intentarlo. Ser ambicioso en los sueños, que no está mal”.

Los cálculos finalmente confirmaron lo que era inminente: su llegada al cénit del ranking mundial ITF Wheelchair el lunes 10 de julio. Testimonio de años y años entre esfuerzos, viajes y un remo inconmensurable al lado de su coach, el efusivo Fernando San Martín, fuerza propulsora del equipo argentino de tenis adaptado en conjunción con AATA y a quien el mismo Gusti describió afectivamente a través de sus redes así: “un enfermo como yo por los deportes. Justo el entrenador que necesitaba para explotar mis capacidades”.

Por delante, se divisa un horizonte repleto de chances de profundizar un dominio con diversas dimensiones. Como, por ejemplo, lo prueban sus tres coronas major –dos en singles y una más en dobles- o el hecho de haber derrotado a cada rival posible en los primeros 10 del planeta durante los últimos meses.

Con palabras de afecto a sus primeros formadores y el ENARD, entre otros, el Lobito hizo en el mismo comunicado un énfasis especial para su familia: “No se llega solo. Por eso quiero agradecerles. Desde el primer momento confiaron ciegamente en ese niño hiperactivo. Movieron cielo y tierra para que pudiese intentar cumplir su sueño de ser profesional. Apoyaron cuando lo necesitaba. Alentaron, me levantaron, me ubicaron cuando hizo falta, acompañaron, en todos y cada uno de los momentos. Gracias a todos por el apoyo de siempre”.

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El cordobés de 23 años estuvo cerca de celebrar el 1 en Wimbledon, donde cayó ajustadamente en la final frente a Stefan Olsson. Aunque de inmediato confirmó su estelar status en el Series 1 Belgian Open, el 36º título profesional de una trayectoria cuyo sueño concreto, a todos los efectos, recién acaba de comenzar.

Por Sebastián Capristo

Ensayo publicado originalmente en La Gaceta del Tenis, Nº61, en la sección Breves.

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