La Copa de los clubes

Enmarcada bajo la consigna La Copa de Todos, la ensaladera visitó cerca de 30 destinos entre diversos puntos del país, entre ellos museos, ciudades y, en particular, clubes. El programa, propuesto por la AAT, contó con el aval, por supuesto, de la ITF, la institución madre de la competencia grupal más importante del mundo que, aun con toda su tradición, se encuentra en un progresivo debate acerca de su vigencia. O al menos de la noticiabilidad de su vigencia frente a nuevos formatos -i.e. La Laver Cup-.

Una de las paradas en el oeste:  Club Morón.

Tanta fue la sorpresa en cuanto a la respuesta de las sedes anfitrionas que la misma ITF evalúa hacer de este tipo de iniciativa un requisito protocolar para futuras naciones campeonas. La particularidad argentina yace evidentemente en el ingrediente del club. No sólo de tenis, sino también el polideportivo. Aquel de respuesta masiva o de barrio, es un inherente elemento cultural.

En Arquitectura, el club aprovechó para homenajear al papá del capitán: Branko Orsanic.

El inmediato comentario de los trabajadores del tenis,
mayormente jugadores y entrenadores, cuando arriban del extranjero suele ser el mismo: afuera siempre se preguntan cómo Argentina saca tantos top 100 sin las bondades presupuestales o económicas de las potencias. La explicación a esa duda siguen respondiéndola los clubes y su insistencia en seguir. En reunir a la juventud con un objetivo, un norte. El 100 es un resultado natural de tamaña insistencia.

Olivos colocó tres cuadros de los que llenan sus hall en la cancha principal. Uno de ellos, el de Lucas Arnold, doblista estable entre los 90s y 2000s.

Por tanto, cuando clubes como Belgrano u Olivos, que tienen enlaces profundos con la Copa, la recibieron no hesitaron en darles vida de nuevo. En el primero recordaron cómo Ronald Boyd, su mítico jugador y primer ganador albiceleste de un rubber para Argentina, tuvo que viajar casi un mes en barco junto al equipo de 1923 para disputar la primera serie en Europa, más precisamente ante Suiza.

El segundo hizo un recorrido bastante más contemporáneo, señalando a Martín García, Patricio y Lucas Arnold, entre ellos algunos de los doblistas que ayudaron a construir la gesta de 2016. Tanto como Charly Junquet, el primer capitán que pisó una final en 1981.

La chapa del campeón 2016.

En otros, si el enlace no era un integrante, se creó esa identidad. Como en el Atlético Bernal, donde el capitán actual Daniel Orsanic, fue recibido por el tenor Marcelo Gómez, hermano del presidente del club, quien cantó el himno a capella.

Pero lo que definió esta serie de eventos, de formas -en ocasiones- más variadas que en otras, fue notar a los clubes reclamar una de las más ansiadas conquistas de todo el deporte argentino como propia.

Por Sebastián Capristo

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