La armada pujante

Son abundantes las características en el tenis que hablan de cuánto conectan sus idiosincrasias Argentina y España. Hasta puede decirse que la final de Copa Davis que enfrentó a ambos países en Mar del Plata hace seis años, y quedó del lado de los europeos, fue una expresión perfecta de los múltiples lazos deportivos que comparten. A saber: la preferencia por el polvo de ladrillo en un ambiente que insiste en moverse hacia las superficies rápidas, el estilo aguerrido y batallador de sus jugadores, el efecto espejo que suele contagiar de inspiración a sus recambios… Y la lista podría continuar.

Por tanto, no sorprende que cada vez que Argentina es sede de un evento internacional, los españoles vengan a competir con exacta determinación a la de los tenistas locales. La última edición del Challenger de Buenos Aires contó con tres de ellos, de distintas bases y diversas edades.

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Jaume Munar Clar fue el más joven del trío. Oriundo de Mallorca, el chico de la clase 1997 encarna sin dudas uno de los proyectos más enfocados al largo plazo. Ya ganador de un challenger en Segovia y 200º ATP, admite que venir al país lo conecta al suyo en algunas costumbres: “Las bromas, el reírse, la manera de hablar y hasta de entender hace que todo sea mas fácil. Y el idioma es punto clave para llegar a esa cercanía”.

Hay otra particularidad interesante en el retoño mallorquín. Como sugiere su gentilicio regional, es coterráneo del actual Nº1 del mundo, Rafael Nadal, con quien comparte manager y del que no escatima elogios y ciertos consejos prospectivos: “Rafa es un chico que lo ha conseguido todo y, a la vez, una persona más. Esto tiene poco secreto: tienes cosas que hacer, unos son mejores o peores y la sumatoria te pondrá en tu sitio. Él tuvo claro eso, es muy consciente que es un sobrehumano. Su nivel no es tema de trabajo ya. No ganas 10 Roland Garros por mucho trabajo, los ganas porque eres único. Siempre ha tenido muchas palabras para nosotros, nos anima y nos inculca el mejorar. Quiere mucho a su tierra y ayuda en lo que puede a los jóvenes y a los que están ahí arriba”.

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Seis años mayor a Munar, Marc Giner, quien fue top 250 hace un par de temporadas, cimentó gran parte de su ascenso en los benévolos futures europeos, donde ganó ya 18 trofeos, y, por supuesto, españoles. Los que, tras un período de caída en la cantidad anual, vienen en repunte. Situación ideal, junto a la insistencia de los formadores, por aprovechar y solidificar rankings para salir a competir al mundo: “Ahora está aportando más dinero la RFET, se notó un cambio grande. Los clubes tienen una cultura de llevar años haciendo torneos. Ayuda bastante tenerlos. Y a los entrenadores de las escuelas. Cuando llegué a una ciudad pequeña, el coach trabajaba como si yo me tratase de un jugador ATP  y yo no sabía ni pegarle a la derecha. He tenido algún entrenador que jugó en Argentina. Son duros de ganar, trabajan, corren mucho. Son muy parecidos a nosotros, porque jugamos con mucha fuerza desde el fondo de cancha. Luchamos todas las pelotas. Es prácticamente igual”.

En el medio de las mencionadas camadas, aparece Mario Vilella Martínez, quien superó la clasificación en Buenos Aires. Nacido en 1995, tiene a otro ex líder del planeta proveniente de España como guía: Juan Carlos Ferrero, de cuya academia señala: “con mucha suerte me han ayudado durante estos años porque mis padres no venían de una familia rica, no podían costearlo. Es mi segunda familia”.

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El ilicitano, 330º del mundo y que cayó ante el eventual campeón, Nicolás Kicker, también observa proximidades entre su país de origen y los argentinos: “Los jugadores son duros, siempre se comenta que los argentinos pelean por todo, luchan hasta el final. Es mucho gracias al clima. Les enseñan a dictar la bola porque en clay jugar plano no sirve mucho”. Y, para definir a ambos estilos, enumera dos rasgos en común: “garra y  temperamento”.

Párrafo aparte, los españoles pujantes concuerdan tanto en lo galáctico de la Armada de los grandes nombres como en el ritmo propio de su época. “Ellos han sido los mejores de la historia de España, y no una vez, sino 20 veces. Tienes que entenderlo: no todos pueden llegar a ese éxito. Rafa, Ferrer, Feliciano López… estos chicos han estado top 10. Son gente fuera de lo normal y han tenido las armas para que haya funcionado. Son caminos diferentes. Al final tienes que creer en lo que tú haces”, visibiliza Munar. Vilella apoya la moción: “Yo pienso que siempre van a haber jugadores en la cantera, tarde o temprano van llegando. Cada uno llega a su tiempo, algunos se meten con 17 años, otros 22 ó 30. Así es el tenis, te metes cuando encuentras tu nivel mental y físico. Es un proceso”.

Los números acompañan la visión. España, además de tener a los actuales número uno del mundo, disfruta de otros varios indicadores de lujo: ocho Top 100  -solo superado por los 10 de Estados Unidos y Francia-, más de 20 en el lote de los mejores 250, un sistema fuerte de futures, que supera los 30 por año y equipos sólidos en juniors. Todas señales que hablan de cómo protegen una vigencia, una cultura deportiva que vive encontrándose en sus exponentes. Y cuyos exponentes se encuentran en su tierra y, cuando arriban a estos lares, también en la nuestra.

Por Sebastián Capristo

Este artículo fue originalmente publicado en La Gaceta del Tenis, Nº61.

Revista LGT N6125

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